Un restaurante gastronómico suspendido sobre el mar, destinado a trascender más allá de sus cuatro paredes. No solo por una carta guiada por los ritmos de la temporada, sino también por una bodega concebida con el mismo cuidado que comparten los productores afines a nuestra filosofía.
Trabajamos con pescadores de la costa, agricultores de la Tramuntana y productores que cultivan sin prisas, con conocimiento y respeto. La carta respira temporalidad: ingredientes que no viajan más que el sabor, pescados que respetan las vedas y productores de toda la vida que conocen la tierra que trabajan. Aquí, el lujo no reside en la rareza del producto, sino en su origen, su frescura y la manera en que llega a la mesa: con respeto, belleza y verdad. Conocer a quienes están detrás de cada ingrediente nos convierte, a todos, en protagonistas de la propuesta más exigente.